miércoles, 20 de marzo de 2013

Divino tesoro



Esta semana recibí de varias fuentes un e-mail pidiéndome firmar una petición dirigida al INDECOPI, al Ministerio de Transporte y Comunicaciones, a los Congresistas y hasta al Presidente de la República para que los programas "Esto es guerra" y "Combate" respeten el horario de protección al menor. Me parece perfecto, en serio: que todos queramos proteger a nuestra infancia de recibir contenidos que  consideramos "nocivos" es algo bueno, positivo, encomiable.


Sin embargo, me quedé dándole vueltas al tema. Porque me preocupa que muchas personas crean que por firmar la bendita petición nuestro trabajo como padres (tutores, tíos, abuelos, etc.) está todo ya hecho. 


Transferir la responsabilidad de proteger a nuestros hijos y dársela a la televisión (a la que no por gusto se le llama la caja boba), es irresponsable, valga la redundancia. 


Entiendo que, en estos días en los que papá y mamá trabajan y en que los chicos se quedan en la casa con los abuelitos, con la nana, con la empleada del hogar, con los hermanos mayores, etc. los padres no tienen tiempo para vigilar lo que ven o no ven sus hijos. Créanme que lo entiendo. Pero eso no justifica en lo más mínimo que no asumamos nuestra responsabilidad como educadores y formadores de los hombres y mujeres del mañana.

Cuando yo era niña, mi mamá tenía una regla: nada de ver telenovelas. Recuerdo tener 10 años, ir al colegio y escuchar a todo el salón comentar el último capítulo de "Carrusel" (una telenovela supuestamente dirigida al público infantil) y yo enterarme de la historia por mis amigas (nunca me enganchó demasiado el tema) pero hasta allí no más. Terminaban de contar la historia y a otra cosa, mariposa. Mi vida era MUCHO más que pegarme a algo que daban en la tele: tenía a mis amigos del barrio, a mis amigos de la playa, mis libros, mis juegos... en fin.
Es cierto que en esa época  mi mami se quedaba en casita cuidando a sus seis enanitos, pero era obvio que ella no tenía tiempo para vigilar qué estábamos viendo en la tele porque, repito, éramos SEIS enanitos. Simplemente la orden era "no ver telenovelas" y nosotros (los hermanos) la acatábamos. Recuerdo también una época en la que teníamos permiso de UNA HORA para ver televisión y teníamos que escoger la hora, el programa y negociar entre nosotros para ver lo que queríamos (fue así que me volví adicta a "Robotech", jajaja... pero una adicción de una hora al día y, de nuevo, a otra cosa, mariposa.). 
Lo cierto es que lo que mamá y papá decían era LEY y había que obedecerlo. Si una tía o abuelita venía a cuidarnos, la ley se seguía aplicando. No niego que de adolescentes los cuestionamos más de una vez, pero los obedecimos y todo. Valga señalar que yo no vi nunca "Alcanzar una Estrella II" (cosa que -como le reclamaba a mi mamá - hacía tooooodo el mundo... pero con eso venía su invariable respuesta de que "si todo el mundo se tiraba de un puente..." ya saben cómo termina) y que si sé de qué se trataba es porque, para variar, mis amigas me lo contaban todo al día siguiente en el colegio.

Mi mamá tenía una frase bastante elocuente: "la generación de ustedes ha nacido con la televisión prendida", y comentaba que ello no nos dejaba pensar por nosotros mismos, haciendo que percibiéramos como "normal" temas que realmente no lo eran. Tanto ella como mi papá hacían lo posible por protegernos de lo que ellos consideraban como contenidos nocivos, ya fuese "dosificando" la cantidad de televisión que consumíamos, eligiendo los programas adecuados, incentivando en nosotros el gusto por la lectura (ésto, en mi caso, se dio con la inconmensurable ayuda de mi padrino, quien siempre me regalaba libros por mi cumpleaños... ¡y qué libros!), o JUGANDO con nosotros. Y es que el juego se prestaba para que conversáramos, para que compartiéramos, para que ellos nos transmitieran y reforzaran sus valores y de ese modo aprendiéramos y los hiciéramos nuestros.


Quisiera saber cuántos padres les enseñan hoy en día a jugar a sus hijos escondidas, chapadas, matagente, 7 pecados, bata, telefunken, monopolio, ajedrez, damas, (y un largo etcétera) y, además,  JUEGAN con ellos. Y no crean que mis papás no eran personas ocupadas: ellos jugaban con nosotros, sobre todo, los fines de semana, ESE era su relajo. Señalo esto porque ahora veo a muchos padres de familia "encerrar" a sus hijos con la tele los fines de semana, so pretexto de que "tengo que descansar, estoy molido de trabajar toda la semana", etc., etc.. ¿O sea? Si por trabajo no te ocupaste de tus hijos DURANTE la semana, por lo menos podrías hacer el intento de dedicarles tiempo a ellos ¡EL FIN DE SEMANA!


Pero no podemos dejarlo allí. Los chicos de hoy en día no sólo han nacido con la tele prendida, como nos pasó a nosotros. Han nacido con la computadora, la laptop, el blu-ray, el cable, etc. prendidos y conectados a sus cerebros. Peor aún, muchos de ellos nacen y ya tienen el celular, el iPad, y otro largo etcétera como si de un derecho se tratara. Y es que a los chicos de hoy en día NO se les está enseñando a "ganarse" nada, ni los premios, ni los permisos, ni nada por el estilo. Es mucho más cómodo dejarlos enchufados, calmar nuestra conciencia con el consabido "lo tienen todo, no les falta nada" y delegarle nuestra responsabilidad formadora al colegio... y a los medios de comunicación.


Sólo basta ver el fenómeno de las "beliebers" (fans de Justin Bieber) y las "directioners"(fans de One Direction), por ejemplo. Cuando se corrió el falso rumor en Internet de que el cantante de los pantalones chorreados "tenía cáncer", hubo CIENTOS de jovencitas al rededor del mundo que se RAPARON la cabeza en solidaridad al son del hashtag #BaldForBieber (Calva por Bieber). ¿JELOU? Quiero decir, no sólo ni siquiera verificaron si el rumor era cierto o no, sino que se raparon las cabezas, se tomaron fotos y videos con el celular y ¡LOS SUBIERON A INTERNET! ¡Bien orgullosas, ellas!


Al otro lado (aunque no necesariamente enfrentadas con las beliebers) están las directioners. Fanáticas a ultranza del grupo pop de cinco chicos salido del programa X Factor "made in Britain". Muchas de estas señoritas, cada vez que uno de sus miembros cambia de novia - porque Harry Styles es precisamente de quien yo trataría de proteger a mis hijas, recontra womanizer el sujeto - encuentran la forma de amenazar de muerte a la noviecita de turno, al punto de que una de ellas tuvo que cerrar su cuenta de Facebook por el acoso recibido.
Otra perla de las beliebers (parece que en esta sección están las más loquitas de las fanáticas). A principio de este año (¿o era a finales del año pasado?) aparecieron fotos de su ídolo en las que aparentemente estaría fumando marihuana. Inmediatamente apareció el hashtag #CuttingForBieber (Me Corto por Bieber), una "protesta" online emprendida por su más acérrimas fanáticas, quienes, al ver el "daño" que se estaba haciendo JB al fumar, decidieron "detenerlo"... ¡CORTÁNDOSE A SÍ MISMAS! (No, no se estaban cortando las muñecas para suicidarse, era un tema de infligirse dolor a modo de chantaje ¿emocional? para lograr su objetivo). De nuevo, fotos y videos en Internet de brazos ensangrentados y chicas pidiéndole al bendito Bieber que deje de drogarse. Dicen que todo esto se inició como un FAKE (es decir, eso era falso) pero he leído que hubo chicas que sí se la creyeron y que sí se cortaron... total, su criterio es casi nulo.


(Si lo de la rapada de cabezas, las amenazas de muerte y los cortes no les parece creíble, entren a una noticia "online" en la que aparezcan o Justin Bieber o los One Direction. Lean los comentarios que escriben las fanáticas. Encontrarán que por lo menos el 90% de estos comentarios son de patéticos para abajo. Insultos, horrores de ortografía, amenazas de muerte a quien piense diferente a ellas... el futuro del mundo, señores.)

Dicho esto, señor juez, yo me pregunto ¿dónde están esos padres? Sí pues, muchos seguramente estarán en la oficina, trabajando, súper ocupados... pero ¿dónde está su responsabilidad ante esas criaturas que los llaman "mamá" y "papá"? ¿Hablan con sus hijos? ¿Se han tomado el trabajito de enterarse sobre cuáles son sus creencias, valores o principios? ¿Saben qué les gusta y qué les disgusta? ¿Conocen qué ven en la tele, en Internet? ¿Están al corriente sobre con quiénes se juntan y con quiénes conversan? 


Estamos en una sociedad de consumo en la que muchos padres creen que con "darles todo" (materialmente hablando) ya cumplieron con su labor. Los casos de las directioners y las beliebers lo muestran claramente: no se trata de niñas de escasos recursos: son jovencitas con suficiente dinero para tener SU laptop, SU cámara, SU celular de última generación... y ¡la absoluta libertad para hacer lo que les da la gana!


Creo que ya es hora de apagarles la televisión, la computadora, el celular y todo lo demás a estos chicos y empezar a hacer NUESTRA tarea, que por algo los trajimos al mundo.

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