martes, 5 de marzo de 2013

No soy homofóbico, pero no me parece...


En estos días, el gran tema de conversación entre los limeños (y, por qué no, entre los peruanos) es el del proceso de Revocatoria contra la Alcaldesa de Lima, Susana Villarán. Me había animado a expresar mi opinión al respecto (al fin y al cabo, para eso empecé a escribir este blog, para hacer catarsis y sacar lo que tengo dentro), pero mientras recopilaba opiniones sobre el tema en Facebook, me tropecé con el comentario de una querida amiga mía en el que veía como motivo de la revocación (y cito) "la ‘ordenanza gay’ que impulsó la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, (que) buscaba establecer los criterios para ‘promover la igualdad de género y evitar la discriminación por orientación sexual’, es (...) un argumento para imponer la ideología gay en esta capital" (termino la cita).


Además de la pena que sentí por la amiga en mención (porque, a mi parecer, está confundiendo la velocidad con el tocino), me di cuenta de que el temita de marras (la lucha - y la censura - por la igualdad de la sociedad LGBT -lesbiana, gay, bisexual, transexual-) es el caballito de batalla que últimamente muchas personas utilizan para atacar/defender muchos temas, sin que realmente vengan a colación. 


Porque, ¿qué tiene que ver que una persona apoye la igualdad entre los seres humanos con su capacidad para dirigir un Municipio? 


Pero bueno, ese tema pasó a un lado, porque a mí lo que me preocupó fue el tema de la INTOLERANCIA disfrazada. Y es que el "No soy homofóbico, pero..." es un discurso TAN usado (y desgastado) por tanta gente, que no se dan cuenta que en ese PERO está encerrado un clarísimo "sí, soy homofóbico".


Yo soy cristiana, católica, romana (en realidad, limeña) y apostólica. Y sí, lo admito, durante cierto tiempo de mi vida fui homofóbica. Y creo que, en gran parte, esto se debía, en palabras de San Marcos, a que "nadie ama lo que no conoce". Tenía grabado en el cerebro que eso era pecado, pecado, pecadoooo, tal cual me enseñaron en el colegio. Pero, y citando ahora al genial Rubén Blades: "la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida". Y vaya que me las dio. Porque un buen día, una de las personas que más quiero en el mundo se sentó conmigo, me miró a los ojos y me dijo "soy homosexual". Lo mismo me pasó, poco tiempo después, con otra de las personas que más quiero en el mundo. Y así, con el paso del tiempo y con el cambio de lugar, me siguió pasando. Y en eso me di cuenta de que tenía MUCHOS amigos, amigas e incluso familiares que eran homosexuales.


En ese primer momento, la primera vez que alguien me hizo esa confesión ¿saben qué fue lo que me dolió? Que esta persona a la que quiero tantísimo tuviera TANTO miedo de "salir del clóset" conmigo. Que me viera como un miembro del KKK, con la antorcha prendida lista para colgarla de un árbol y prenderle fuego. ESO fue lo que me dolió. Porque esa persona seguía (y sigue siendo) parte importante de mi corazón, de mi vida, de mis pensamientos y de mis oraciones. Y porque me di cuenta de que nada había cambiado en esa persona: seguía siendo la misma maravillosa, inteligente, cariñosa y buena persona que había sido toda la vida... y, además, mis sentimientos hacia ella seguían siendo exactamente los mismos.


Miento, no exactamente los mismos. Desde ese momento yo la quería, si es posible, MÁS. Porque había tenido el valor de admitir ante esa "loquita-Torquemada-en-potencia" (que era yo) quién realmente era ella. Con miedo, sí, pero, bien dicen que valiente no es el que no tiene miedos, sino el que se enfrenta a ellos. Y porque sabía que pertenecía a un colectivo (a un grupo humano) que necesitaba mi apoyo, tolerancia y respeto. Porque esa persona seguía y sigue siendo tan persona como el día en el que nació. Tan ser humano como yo, como tú, como cualquier otro.


Desde ese primer día, mi perspectiva cambió. Hasta entonces, yo era de los que decía, como veo que siguen diciendo muchos, "no soy homofóbica, pero no me parece que se luzcan por todos lados, que se vayan con sus cosas a otra parte". Pero me di cuenta de que ESO era, precisamente, ser HOMOFÓBICA.


Ya lo dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE):

fobia.
(Del gr. -φοβία, elem. compos. que significa 'temor').
1. f. Aversión obsesiva a alguien o a algo.
2. f. Temor irracional compulsivo.

Fobia no es sólo odio. Fobia es MIEDO. Y el miedo viene de lo desconocido... o de lo "mal conocido".


Hace un par de años, un queridísimo amigo mío, perteneciente al clan de los que proclaman "no soy homofóbico, pero..." me contó que él estaba en contra de la adopción por parte de parejas del mismo sexo "porque todos los gays tenían la consigna de convertir a todo el mundo en gay". Después de recoger mi mandíbula del piso, le pregunté por qué afirmaba eso. ¿Su respuesta? En UNA discoteca había conocido a UN gay que le había dicho EXACTAMENTE ESO.


Wow. Guau, en castellano. Tuve que recoger mi mandíbula del piso por segunda vez. Y si no mal recuerdo, una tercera y una cuarta, porque esa conversación se prolongó hasta altas horas de la madrugada.


Le expliqué que, para el caso, era como si yo dijera "todos los sacerdotes son pederastas" porque hay VARIOS casos documentados (no uno, varios) de sacerdotes católicos (y/o cristianos) que han abusado de niños y niñas alrededor del mundo, valiéndose -entre otras cosas-de esa aura de "santidad" y "confianza" que les otorgan los hábitos. PEEEERO que de NINGUNA manera podemos generalizar, porque conozco de cerca (entre ellos a amigos tan cercanos que son casi familia) a muchísimos sacerdotes maravillosos y admirables que cumplen a cabalidad "la labor que Cristo les encomendó".


Pero parece que ese argumento tampoco sirvió para convencer a mi amigo, como tampoco sirve para cambiar la opinión de muchísimos mira-cómo-me-rasgo-las-vestiduras-por-la-homosexualidad-pero-no-por-los-escándalos-de-la-Iglesia. (Nota al 23/09/2013: ¿me pareció haber leído algo de "un árbol caído" por allí? Sangre en la cara, eso es lo que les falta a algunos).


El tema, para mí, pasa por el hecho de que muchas veces nos olvidamos que todos los seres humanos somos iguales. Hace algunos siglos, se consideraba que los esclavos no eran seres humanos. Luego, que las personas éramos diferentes de acuerdo al color de nuestra piel. Incluso, hubo una época en la que las mujeres no podíamos votar. Gracias a Dios, poco a poco las cosas han ido cambiando. Nos dimos cuenta de que los seres humanos somos EXACTAMENTE iguales, con los mismos derechos por NATURALEZA (ese simple hecho de haber nacido dentro de la raza humana) y que deberíamos preocuparnos porque todos disfrutáramos de las mismas libertades y gozáramos de los mismos derechos.


En este sentido, no sólo se trata de que respetemos el derecho de la comunidad LGBT a existir dentro de la sociedad (cosa que para muchos, ya es suficiente, ¿para qué darles más?), sino que puedan tener los mismos derechos civiles que tenemos todos los demás.


Hace un año, en Misa, un sacerdote nos pedía rezar para que no se legalizara en ese país el matrimonio entre personas del mismo sexo (no, no era el Perú). ¿JELOU? Yo levanté la voz y dije "NO, por eso yo no rezo" (aunque parece que nadie me escuchó -¿sería porque estaban en pleno "Te lo pedimos, Señor"?-, sólo mi maridito que me apretó la mano y me miró a los ojos diciendo en voz bajita "Gorda, no te dejes llevar por la cólera, tú tranquila y reza por lo contrario"). Pero me quedé con el grito atorado en la garganta, unas ganas de recordarle a este señor que Jesús, sí, ese que, según creemos los cristianos, murió en la Cruz por toda la humanidad dijo "a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César".  O sea, a Dios le das lo que corresponde al terreno espiritual, y a la autoridad terrenal, lo que a ella le compete.


Las personas de la comunidad LGBT (hasta donde sé) no están pidiendo que se les deje contraer matrimonio en una Iglesia. Están pidiendo derechos civiles, que su unión valga tanto como la de cualquier persona casada ante la LEY. ¿Por qué mejor no pide rezar por todos esos que contraen matrimonio religioso como si se tratara de cualquier tontería, total, si no funciona igual me divorcio y que pase el/la siguiente? (* Ojo, no incluyo aquí a los que se casan por motivos auténticos y luego por a,b ó z terminan divorciándose).


Regresando a mi primera amiga (la de la velocidad y el tocino) tendríamos (ay, qué horror) que enseñarles a los niños que ser homosexual era "natural". Yo le respondí tal cual: 

"No, lo que hay que decirles a los niños es que todo ser humano merece respeto y tolerancia por el simple hecho de ser humano. Da igual su religión, color, orientación sexual y cualquier otra cosa de ese tipo. Y si nos vamos al tema religioso (...), les decimos que hace más de 2000 años Jesús vino al mundo a predicar el amor, la compasión y la caridad (que al fin y al cabo, todos significan lo mismo). Que Jesús nos quería a todos por igual porque TODOS somos iguales ante sus ojos".

Pero piña pues, ella se niega a ceder. Y lo cierto es que no voy a tratar de convencerla de su miopía. 

Sé que, desafortunadamente, muchos otros seguirán como ella, incapaces de querer lo que no conocen. Ojalá que, por su bien, no conozcan de cerca a una persona LGBT. O de repente, mejor, ojalá que sí. Ojalá que puedan darse cuenta lo mucho que sufre una persona a la que quieres con todo tu corazón porque es discriminada por ser quien es


Roguemos al Señor...


Ps: Justo acabo de encontrar un artículo de Marco Sifuentes que se titula parecido a éste. Se los dejo (y se los recomiendo): "No soy homofóbico pero..."

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Machi,

estoy completamente de acuerdo contigo. Yo también soy católica. Fui criada en una familia "tradicional" donde lo usual era llamar "maricones" o "machonas" a personas de la comunidad LGTB. En aquellos tiempos los medios de comunicación empeoraban la imagen de dichas personas ofreciendo estereotipos negativos... Y sermones en la Iglesia que no fomentan el amor y la unidad, sino el temor, el asco y la hipocresía.
Es verdad que se teme a lo que no se conoce, y es que no nos damos cuenta que muchos gays y lesbianas viven alreadedor de nosotros, son nuestros amigos, familiares, vecinos, colegas de la chamba, profesores, empresarios, alumnos... Y por qué tendrían que llevar un letrero que diga "soy gay"? si esa realidad no cambia su valor como personas, ni debería afectar la forma en que nosotros actuamos.

EMILIO ROBLES dijo...

Muy interesante tu posición, mucho más que decirle a nuestros hijos en pocos meses...

Anónimo dijo...

Estimada Machi,
Es interesante ver como pides tolerancia y sin embargo en tu artículo, no eres nada tolerante con tu amiga que piensa diferente que tu, pones que te da pena , que es miope, etc. Creo que su punto de vista es tan válido como el tuyo, habrá siempre gente que piense diferente que uno y acá lo importante es respetar.
En la parte en que cuentas que en la iglesia te pidieron rezar por algo que no estabas de acuerdo, a mi parecer (de repente no estas de acuerdo) tu esposo fue muy sabio, si no estas de acuerdo no reces por eso o reza lo contrario, pero no es nada tolerante el querer impedir que los que piensan diferente que tu recen por lo que creen es correcto. Felicito a tu esposo. Espero no tomes a mal mi comentario, sólo te invito a que reflexiones y no espero que pienses como yo, simplemente es mi humilde opinión. Me gusta tu blog aunque a veces no comparto tus ideas. Saludos

Machi Seminario dijo...

Querido Anónimo:
No sé quién eres (aunque tengo un poquito idea de quién puedes ser), pero no creo ser intolerante: primero, porque sentir pena hacia alguien, no te hace intolerante; y segundo, porque decir que una persona me parezca miope, tampoco. Yo soy miope y a veces siento pena de mí misma (autocompasión, que le dicen) pero intolerante conmigo misma, no, eso no soy.
El tema de la tolerancia pasa por respetar a los demás y no ofenderlos. Yo no he ofendido a nadie, pero me he sentido ofendida por los comentarios de esta persona en particular, así como por la petición del sacerdote de rezar por que la discriminación continúe.
Una de las principales "defensas" (que en realidad es un "ataque" de los homofóbicos es que los que creemos en la igualdad ante la ley somos intolerantes con ellos. Como que los miembros del Ku Klux Klan se quejen de que los negros son intolerantes con ellos por exigir sus derechos de libre tránsito por Estados Unidos. Repito: las creencias religiosas nada tienen que ver con la igualdad ante la ley de las personas: el Perú es un Estado Laico y eso es lo que DEBE respetarse. Las creencias personales de algunos (cada vez menos, gracias a Dios) no pueden influir en la toma de decisiones sobre los DERECHOS de los demás.
Aunque estoy 100% de acuerdo en que mi esposo es muy sabio (por algo se casó conmigo, jajaja), no creo que expresar mi opinión (en casi privado y en voz baja, para colmo) sea un intento de "impedir que los que piensan diferente que tu recen por lo que creen es correcto". Pero es tu opinión y la respeto, aunque me parezca carente de lógica.
Pero bueno, no voy a intentar convencerte de por qué creo que está mal ser homofóbico.Creo que ya lo puse todo en mi post.