Acabo
de volver de la Misa por la Paz en Venezuela que se celebró en la Parroquia San
Lucas, en Costa del Este, Panamá.
No
puedo describir toda las emociones que sentí, he vuelto a casa tratando de
procesarlas, con un nudo en la garganta. Escribí un post en mi Facebook intentando plasmar todo lo que vi, escuché y sentí, pero siento que me quedé corta, por eso es que ahora, ya un poco más calmada, estoy escribiendo en este, mi blog.
A
aquellos amigos que me escribieron en privado por Facebook diciendo que
"todo lo que veíamos en los medios e internet era pura manipulación",
me hubiera gustado que vieran la angustia y al mismo tiempo la fe y la
esperanza en las caras de nuestros hermanos venezolanos... y que me repitieran
que eso era una farsa.
Tuve
que estacionar el auto a una cuadra de la entrada de la Parroquia. El
estacionamiento del colegio que comparte terreno con la parroquia estaba
repleto. Los autos estacionados en la calle ocupaban dos cuadras, en ambos
sentidos. En la iglesia no cabía un alma más, aunque eso sólo es una expresión,
pues sé que muchísimas almas nos acompañaron en oración aunque fuese a la distancia.
Tuve
que repartir los pocos kleenex que tenía, porque las lágrimas brotaban de casi
todos los ojos de los asistentes. A mi lado había una muchacha cuyo llanto
desconsolado me rompía el corazón. Su mamá grababa la Misa desde su celular
(supongo que para compartirla con sus seres queridos), al tiempo que la
consolaba y le susurraba al oído frases como "Tengamos Fe, tengamos
Fe". Otra señora, que lloraba igual que la joven, simplemente no aguantó más y tuvo que salir de la iglesia, a tomar algo de aire e intentar tranquilizarse. La emoción que flotaba en el aire se metía en nuestros corazones y salía por nuestros ojos.
Durante
el Padre Nuestro ese pasillo que se ve en la foto se cerró pues todos
los presentes se tomaron de las manos, en un acto de unión y solidaridad que
pocas veces he visto entre personas que no forman parte de una familia. Y es
que eso fuimos (y somos): una familia que reza unida para que la Paz retorne al
hogar.
Durante
el saludo de Paz, recibí abrazos y besos como si yo fuera una más de ellos,
mientras que con el deseo de Paz nos dábamos mensajes de Fe y Esperanza. Y
agradecí internamente a Dios por haberme guardado un tissue, porque después de
la Comunión, el coro nos regaló una hermosa versión de "Venezuela" de
Herrero y Armenteros. Los asistentes, que se habían sentado luego de comulgar, se fueron poniendo poco a poco de pie, uniéndose al coro con sentimiento y pasión y ese amor a la patria que nos brota por los poros, especialmente cuando estamos lejos de ella. Las voces se entrecortaban, pero seguían cantando. Las lágrimas fluían en sus rostros, pero seguían cantando a viva voz. Yo no podía articular palabra, simplemente me mordía el labio para evitar que más lágrimas salieran de mis ojos. Y en eso, con varios de ellos tomándose de las manos, entonaron la estrofa final: "Y si un día tengo que naufragar y el tifón rompe mis velas, enterrad mi cuerpo cerca del mar... En Venezuela". Lo recuerdo y vuelvo a llorar.
La Misa terminó y el coro nos dio un nuevo regalo: "Alma llanera". Siento decir que no pude quedarme para toda la canción. Además de estar parada en medio del pasillo que da a la salida, la emoción era demasiado grande para mi. Salí caminando, con el corazón hinchado casi tanto como mis ojos.
La Misa terminó y el coro nos dio un nuevo regalo: "Alma llanera". Siento decir que no pude quedarme para toda la canción. Además de estar parada en medio del pasillo que da a la salida, la emoción era demasiado grande para mi. Salí caminando, con el corazón hinchado casi tanto como mis ojos.
No
puedo negarlo, esta noche me sentí venezolana de corazón. Sé que muchos de mis
amigos y amigas venezolanos aquí en Panamá no pudieron ir por cuestiones de
trabajo, pero quiero que sepan que recé en nombre de todos ustedes. Mis
oraciones están con ustedes y con todo el pueblo venezolano.
(En
la foto, una familia venezolana lleva las ofrendas hacia el altar. La primera
ofrenda en llegar fue la bandera de Venezuela, que el padre levantó y ofreció
al Señor, pidiendo paz para esta tierra tan querida y tan sufrida.)
Aquí
les dejo una versión de la Orquesta Sinfónica Nacional de Venezuela interpretando "Venezuela" de Herrero y Armenteros. (La canción arranca después de 10 segundos).

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