martes, 25 de febrero de 2014

¿Unidos por un mismo idioma?

Tengo la bendición de contar con familia y amigos en muchas partes del mundo. Con los que viven en lugares de habla inglesa nos entendemos con normalidad, todo gracias a que tuve maravillosos profesores de inglés que me enseñaron las expresiones idiomáticas (idioms), lo que me ayudó a interpretar muchas oraciones que al ser traducidas al español no tendrían ningún sentido. Do you get the picture?

La "vaina" viene cuando se trata de comunicarnos con otros hispanohablantes. Especialmente, entre latinos. Porque en cada país hablamos el mismo idioma, pero al mismo tiempo, no lo hacemos. El castellano que partió hacia las Indias Occidentales en las tres carabelas ha sido adaptado, modificado, regionalizado y torturado hasta nuestros días, dando como resultado lo que en cada país vendría a ser una "variedad interna", o si quieren, un "localismo".

Creo que uno de los mejores ejemplos de lo que quiero decir con esto es lo que sucede con el pop corn. Para los peruanos es "canchita" (diminutivo de "cancha"... porque los peruanos le ponemos diminutivo a todo, o mejor dicho a toditito). Para los mexicanos son "palomitas". Para los colombianos, "crispetas". Para los venezolanos, "cotufas". Para los argentinos, "pochoclo". Para los ecuatorianos "canguil". Para los guatemaltecos, "poporopo". Y así cada país tiene su versión. Pero por suerte, para todos sirve de igual manera el anglicismo pop corn como identificador. Nos pasó la primera vez que fuimos al cine, recién mudados a Bogotá, cuando al pedir "canchita" la chica que nos atendía nos miró con una maravillosa "cara de signo de interrogación". Después de dos minutos de tratar de entendernos entre los tres, pedimos el "Combo 2"... y allí, en el CineColombia de Unicentro fue que descubrimos su nombre en "colombiano".

Y qué me dicen del sorbete, eso a lo que los peruanos llamamos "cañita" (que, si no me equivoco, proviene de una de las marcas del producto en mención: K-ñita), que en México llaman "popote" (que vendría del náhuatl popotl que significa paja), que en Panamá es "carrizo", en Colombia y Venezuela "pitillo" y he escuchado que en Argentina, Chile y Bolivia lo llaman "bombilla". En serio, a veces provoca decir simplemente "pásame eso de ahí" y apuntar con el dedo, porque simplemente, hablamos el mismo idioma, pero no nos entendemos.

También sucede que cosas que en un país significan una cosa, en el otro significan otra absolutamente diferente. Por ejemplo, en Colombia, "la bomba" es lo que para los peruanos es "el grifo" (aunque también llaman así a los globos). Pero para ellos "el grifo" es lo que para nosotros es "el caño". Y "el caño" para ellos es lo que para nosotros es "el desagüe". Y esto último lo aprendimos cuando, para averiguar si el agua era potable, le preguntamos al señor que nos iba a alquilar el departamento (que allá es apartamento) si se podía "tomar agua del caño". Su cara fue, como dicen los españoles "todo un poema", por decir lo menos. Qué habrá pensado de este par de peruanitos...

Al poco tiempo de esto, en la oficina de Bogotá, un amigo de mi esposo (también limeño), quiso felicitar a un colega suyo (colombiano) por un trabajo que, además de haberle tomado un montón de tiempo, tenía un alto grado de dificultad y lo había hecho excelentemente. Todo lindo él, se le acercó y le dijo: "¡Qué tal chambón!" El colega quedó súper resentido, ya que en la jerga colombiana, chambón es una cosa mal hecha, o hecha, a la qué shit. Para nosotros, los peruanos, chamba, es trabajo: chambaza es, o algo que requiere mucho trabajo, o un trabajo excelente, y por lo tanto, sus derivados (chambita, chambón, chambero) tienen que ver con el tema.

Con los años (y las mudanzas) me he percatado de que los peruanos, especialmente los limeños, representamos todo un universo lingüístico diferente para nuestros hermanos latinos. Tengo una amiga colombiana, casada con peruano, que más de una vez me ha dicho que para conversar con nosotros necesita un diccionario español-limeño. Palabras como "roche" (vergüenza), "chotear" (ignorar a alguien), "choche" (amigo), "trome" (bacán), "ficho" (elegante, lo que los colombianos definirían como "play"), "chibolo" (niño, "carajito" para los venezolanos, "chino" para los colombianos) hacen que cuando estamos en el extranjero, podamos identificar a nuestros compatriotas "al toque" (inmediatamente, o, como dirían los chilenos "al tiro, po"). No hablemos ya de esos vocablos que tienen más de una acepción, como, por ejemplo, "jato" que sirve tanto para "casa" como para "quedarse dormido"; o "choro" que además de ser como los peruanos llamamos al mejillón, significa "ladrón"... y así pasa ¡con cientos!

Y es que resulta que a los limeños no sólo se nos "saca" por el léxico que utilizamos, si no por nuestra pronunciación de palabras como "asco", "Pisco", "Nasca", "mosca", "Cusco" y "Es que". Si no me lo creen, amigos limeños, pronúncienlas en voz alta: se darán cuenta de que la S es suplantada por una J. Una JOTA. "Ejque qué quiérejque te diga, así hablamos los limeños. Cuidado con la mojca, qué ajco."

Tengo un tío, alemán de nacimiento, pero más cholo que muchos otros peruanos que conozco, que cuando quiere decir "mostro" (bacán, chévere, pajita pulenta) dice "monstruo", que sería la correcta pronunciación de la bendita palabra. Pero no pues, porque mostro, es Mostro, como el extinto chocolate que fuera súper popular en el Perú de los 80's.

La cosa se vuelve medio seria (o, si quieren, mucho más graciosa) cuando hay doble sentido. Por ejemplo, en Venezuela, "dar la cola" viene a ser lo que los peruanos definiríamos como "jalar", es decir, llevar a alguien de un sitio a otro de camino a nuestro destino. No puedo olvidar la cara de un amigo español (casado, para colmo) cuando una amiga venezolana le pidió que le diera la cola. O cuando, al mismo amigo le dije que mejor no tomaba tanto vino, porque yo era "un poco polla" (que viene de la expresión "tener cabeza de pollo": que se emborracha fácilmente). Simplemente épica. Y es que polla es, para quien no lo sepa, como le dicen en España al órgano reproductor masculino. Y hablando de eso, también recuerdo la cara de ESTE mismo amigo (qué habrá pensado de nosotras, jajaja) cuando una amiga argentina, opinando sobre un caso que estábamos discutiendo en plena clase dijo: "entonces el sujeto estaba chocho (feliz) porque todo le había salido bien"... Lo cierto es que resulta que por allá "chocho" es el órgano de reproducción femenino.

Bueno pues, para no hacerla tan larga, les dejo con un video que grafica todo esto que les digo y más.
Con ustedes, Inténtalo Carito y su Qué difícil es hablar el español.

Pd: Antes de que me olvide, necesito hacerle una "mención honrosa" a aquel taxista bogotano al que, a falta de manubrio disponible, le pedí que "me bajara la luna" (refiriéndome a la ventana del auto). Su respuesta me dejó helada: "A usted le bajo el sol, la luna y las estrellas". Simpático el viejito, jajaja...

lunes, 17 de febrero de 2014

‪#‎PrayForVenezuela‬

Acabo de volver de la Misa por la Paz en Venezuela que se celebró en la Parroquia San Lucas, en Costa del Este, Panamá.

No puedo describir toda las emociones que sentí, he vuelto a casa tratando de procesarlas, con un nudo en la garganta. Escribí un post en mi Facebook intentando plasmar todo lo que vi, escuché y sentí, pero siento que me quedé corta, por eso es que ahora, ya un poco más calmada, estoy escribiendo en este, mi blog.

A aquellos amigos que me escribieron en privado por Facebook diciendo que "todo lo que veíamos en los medios e internet era pura manipulación", me hubiera gustado que vieran la angustia y al mismo tiempo la fe y la esperanza en las caras de nuestros hermanos venezolanos... y que me repitieran que eso era una farsa.

Tuve que estacionar el auto a una cuadra de la entrada de la Parroquia. El estacionamiento del colegio que comparte terreno con la parroquia estaba repleto. Los autos estacionados en la calle ocupaban dos cuadras, en ambos sentidos. En la iglesia no cabía un alma más, aunque eso sólo es una expresión, pues sé que muchísimas almas nos acompañaron en oración aunque fuese a la distancia.

Tuve que repartir los pocos kleenex que tenía, porque las lágrimas brotaban de casi todos los ojos de los asistentes. A mi lado había una muchacha cuyo llanto desconsolado me rompía el corazón. Su mamá grababa la Misa desde su celular (supongo que para compartirla con sus seres queridos), al tiempo que la consolaba y le susurraba al oído frases como "Tengamos Fe, tengamos Fe". Otra señora, que lloraba igual que la joven, simplemente no aguantó más y tuvo que salir de la iglesia, a tomar algo de aire e intentar tranquilizarse. La emoción que flotaba en el aire se metía en nuestros corazones y salía por nuestros ojos.

Durante el Padre Nuestro ese pasillo que se ve en la foto se cerró pues todos los presentes se tomaron de las manos, en un acto de unión y solidaridad que pocas veces he visto entre personas que no forman parte de una familia. Y es que eso fuimos (y somos): una familia que reza unida para que la Paz retorne al hogar. 

Durante el saludo de Paz, recibí abrazos y besos como si yo fuera una más de ellos, mientras que con el deseo de Paz nos dábamos mensajes de Fe y Esperanza. Y agradecí internamente a Dios por haberme guardado un tissue, porque después de la Comunión, el coro nos regaló una hermosa versión de "Venezuela" de Herrero y Armenteros. Los asistentes, que se habían sentado luego de comulgar, se fueron poniendo poco a poco de pie, uniéndose al coro con sentimiento y pasión y ese amor a la patria que nos brota por los poros, especialmente cuando estamos lejos de ella. Las voces se entrecortaban, pero seguían cantando. Las lágrimas fluían en sus rostros, pero seguían cantando a viva voz. Yo no podía articular palabra, simplemente me mordía el labio para evitar que más lágrimas salieran de mis ojos. Y en eso, con varios de ellos tomándose de las manos, entonaron la estrofa final: "Y si un día tengo que naufragar y el tifón rompe mis velas, enterrad mi cuerpo cerca del mar... En Venezuela"Lo recuerdo y vuelvo a llorar.

La Misa terminó y el coro nos dio un nuevo regalo: "Alma llanera". Siento decir que no pude quedarme para toda la canción. Además de estar parada en medio del pasillo que da a la salida, la emoción era demasiado grande para mi. Salí caminando, con el corazón hinchado casi tanto como mis ojos.


No puedo negarlo, esta noche me sentí venezolana de corazón. Sé que muchos de mis amigos y amigas venezolanos aquí en Panamá no pudieron ir por cuestiones de trabajo, pero quiero que sepan que recé en nombre de todos ustedes. Mis oraciones están con ustedes y con todo el pueblo venezolano. 





(En la foto, una familia venezolana lleva las ofrendas hacia el altar. La primera ofrenda en llegar fue la bandera de Venezuela, que el padre levantó y ofreció al Señor, pidiendo paz para esta tierra tan querida y tan sufrida.)

Aquí les dejo una versión de la Orquesta Sinfónica Nacional de Venezuela interpretando "Venezuela" de Herrero y Armenteros. (La canción arranca después de 10 segundos).

sábado, 10 de agosto de 2013

Vóley peruaaaaano... porque no todo es fútbol

1988. Juegos Olímpicos de Seúl. Todo el Perú madrugaba (por el tema de la diferencia horaria entre Perú y Corea del Sur) para ver a nuestra selección del vóley defender el nombre del país y ponerlo en lo más alto del podio. Luego del madrugón, llegábamos al colegio con la sonrisa en los labios (y sueño en los ojos) a comentar el partido entero con nuestr@s compañer@s de clase. Ese año ganamos la medalla de plata y fuimos felices. ¿Hubiéramos sido más felices si hubiéramos ganado la de oro? Definitivamente. Pero nadie nos quitaba el orgullo de decir que nuestra selección de vóley femenino era la segunda mejor del mundo, ni la satisfacción de haber llegado a donde llegamos.

Pasaron 25 años y nuestra selección de menores nos hizo madrugar de nuevo, al llegar al Mundial de su categoría en Tailandia. La ilusión fue la misma, si no más grande, porque salvo unas pocas excepciones, nuestro vóley hacía rato que no llegaba tan lejos. Esta vez quedamos cuartos. No llegamos a llevarnos una medalla, pero qué rico sufrimos. Y no por ser masoquistas, pero para los que vivimos las Olimpiadas del '88, fue un flashback maravilloso. No miento, yo sentí que volvía a tener 10 años mientras ponía el despertador para despertarme para alentar a mi selección, aunque en estos momentos me encuentre a miles de kilómetros de distancia y ya no esté sentada con mi familia en la cocina de la casa de mis papis mientras mi mami nos preparaba un desayuno madrugador. Ahora la que preparaba el desayuno madrugador era yo, mientras mi esposo conectaba la computadora a la televisión para poder ver bien el partido.


La barra facebookera no dejó de alentar a las chicas. En general, las redes sociales se convirtieron en foros de apoyo y emoción. Ahora no comentábamos el partido en el patio del colegio, sino a través de nuestros teléfonos, de nuestras laptops, de nuestras tablets. Gente que por esas cosas de la vida no podía ver los partidos, pedía a sus amigos que les contaran cómo iba la cosa. Y muchos nos convertimos en narradores deportivos online. Peruanos en Estados Unidos, Bolivia, Ecuador, Colombia y otros países nos pasábamos los links de las páginas web para poder conectarnos a la señal de Frecuencia Latina y ver el partido lejos de casa.


Sin embargo, cuando caímos, qué triste fue ver que algunos peruanos soltaron comentarios como "yo no celebro perder", "si no traen medallas para qué fueron" y más tonterías por el estilo. Esta gente a veces me hace recordar la triste frase "no hay peor enemigo de un peruano que otro peruano". Porque señores, el deporte peruano se tiene que apoyar así no traigamos medallas. Porque nuestros triunfos, en el deporte que sean, corresponden a un trabajo de largo aliento, a un proceso, a una labor llena de sacrificios, sudor y lágrimas por parte de los seleccionados, sus familias y el cuerpo técnico que trabaja con ellos.



Ahora, no es posible que estas chicas -y todos nuestros deportistas en general- no reciban un apoyo digno del Estado. Muchísimos de ellos vienen de familias de escasos recursos económicos y para ir a entrenar pasan las de Caín. Ya lo dijo la medallista olímpica en Seúl y entrenadora de la selección de menores, Natalia Málaga: "A veces no llegan al entrenamiento porque les robaron la mochila, el celular, etc." ¿creen que esto pasa solamente con las del vóley? Todos nuestros deportistas necesitan apoyo, necesitan estar bien alimentados, necesitan dormir sus horas, necesitan un techo seguro donde vivir... si no, no vale reclamar que por qué no ganan, pues.

Creo que hay otro punto muy importante y este es el tema de conseguirles una buena asesoría psicológica: necesitamos aprender a no sentirnos derrotados cuando vamos perdiendo para poder remontar un marcador que nos sea adverso. Lo vimos en el caso de la selección Eslovena: las demolimos, no sólo con nuestro buen vóley, sino también anímicamente. Ellas se sentían ganadoras antes de entrar a la cancha, pero las peruanas destrozaron esa imagen que tenían de nosotros y de paso, les ganaron limpiamente. Allí se comprobó que no sólo los peruanos nos bajoneamos cuando las cosas no salen como quisiéramos: le pasa a todo el mundo. Los ganadores saben cómo manejar esa frustración, cómo capitalizar ese sentimiento de derrota prematura y convertirlo en triunfo: ESO es lo que necesitamos TODOS los peruanos, pero especialmente nuestros deportistas. Si los "macheteamos" cuando pierden, hacemos leña del árbol caído. Todos tenemos que cambiar de actitud.

Ante lo lejos que han llegado las chicas, no han sido pocos los que han llegado a decir "estas chicas lo merecen todo, hay que quitarles a los del fútbol para dárselos a ellas". Tampoco tampoco, pues. Porque, si no me equivoco, esas mismas personas son las que pitean porque no vamos a un Mundial de Fútbol desde México '86. Nuestro fútbol comienza a mejorar después de casi 30 años de dar pena. ¡No pues! ¡A apoyar (ojo, no a idolatrar, porque eso eleva algunos "egos" que deberían estar más abajo que las nubes) se ha dicho! No sé si sea posible que la Federación de Fútbol reciba del Estado más que la del vóley (¡que alguien me confirme el dato, que no lo consigo!) pero si esto fuera así no me parecería correcto, ya que esa Federación recibe bastante dinero de otros lados (por ejemplo, de las transmisiones televisivas).

La semana pasada, las chicas de la selección de menores regresaron al Perú. Qué lindo ver la marea de gente que fue a recibirlas al aeropuerto. Me emocionó ver cómo muchísimos peruanos les agradecían el esfuerzo, sus sacrificios y su aplomo, yendo a recibirlas en masa, haciéndoles barra con matracas (jajaja), bombos y platillos.


Lo malo fue que, para variar, después vino la peliculina. La Congresista oficialista Cenaida Uribe (ex voleibolista) salió a recibir a las chicas como si Palacio de Gobierno fuera su casa (ganándose el apodo de "la primera dama del deporte"). En la ceremonia no se vio a Cecilia Tait, ni a Gaby Pérez del Solar, ni Leyla Chihuán: tres glorias del vóley peruano, que actualmente son Congresistas de la República. Además, se organizó una "ceremonia de reconocimiento" en el Congreso. Un Congreso que trata de lavarse la cara por sus escándalos de corrupción.  En esta ceremonia, el presidente del Congreso (un impresentable de apellido Otárola) las "homenajeó", regalándoles un celular y "un incentivo económico", no sin antes compararlas con la selección que viajó al Mundial de México '70. Pero ¿de qué era ese mundial? ¡¡¡DE FUTBOL!!! Como diría Condorito ¡PLOP! ¡Por favor, un par de cápsulas de Ubicaína para ese señor! (Bueno, ya otro día me quejaré de nuestra clase política, que cada vez da más vergüenza...). Y, ¿premiarlas con un celular? ¿Aló? 


Nadie pide (por lo menos yo no lo pido) que les regalen una casa a los deportistas, pero sí que se contribuya a mejorar sus condiciones de vida. Quién va a tener cabeza para concentrarse en entrenar si el techo de tu casa es de calamina y tú y tu familia se mueren de frío en los inviernos que, aunque no caiga nieve, congelan de pies a cabeza. Quién va a tener fuerzas para entrenar si te despiertas a las 6 de la mañana para ir al colegio, sales hecha una bala para entrenar y llegas de regreso a tu casa a la media noche porque el transporte público es eterno e ir de un lado al otro es como hacer un viaje interprovincial, además de ser altamente inseguro.


Es hora de que todos apoyemos al deportista peruano como se merece. Nos quejamos una y otra vez de que en nuestra historia el Perú sólo ha ganado cuatro medallas olímpicas, pero si no se toman cartas en el asunto desde la política de Estado (como sí se está empezando a hacer, por ejemplo, en Colombia) no vamos a llegar muy lejos. Todo empieza valorando su esfuerzo y su sacrificio. Así que, bueno pues, no ganamos medallas, pero cada vez estamos mejor y hay que seguir apoyando. No soy conformista, ojo, yo quiero más, quiero ver medallas colgando de los cuellos de nuestros deportistas, copas en sus manos, escuchar el himno de mi país resonar en alguna competencia deportiva internacional, pero no sólo por nuestras voleibolistas, sino también por los chicos de la natación, del judo, bádminton, esgrima, tenis y un largo etcétera. ¿Alguien más se apunta?