Lo ¿gracioso? del asunto es que el mencionado hotel cuenta con ventanas anti-ruido, por lo que seguramente los únicos que no se enteraron del bolondrón fueron las potenciales "víctimas" a quien iba dirigido el atentado sonoro. Otro punto ¿jocoso? fue que la policía nacional había establecido un cerco de alrededor de tres cuadras del hotel, con lo que los alborotadores simplemente NO podían acercarse a cumplir su cometido.
Supongo que, frustrados por no poder malograrles la noche a los jugadores de Costa Rica (¡Pura Vida!), estos sujetos al parecer decidieron desquitarse y arruinárnosla a todos los que vivimos en este lado de la ciudad... Es así que pasaron con sus autos, a los que previamente habían acondicionado con parlantes en el maletero -el cual tenían abierto-, con música a todo volumen, tocando cornetas, gritando, insultando, a LA UNA de la madrugada. Sus "víctimas" dormían el sueño de los justos, y nosotros sufríamos como condenados.
Como se imaginarán, expresé mi mal sabor en Facebook. Sorprendentemente, un par de amigos comentaron que "sucede en todas partes" y que "eso siempre pasa". ¿O sea? ¿Eso hace que esté bien? ¿Eso hace que sea justificable? Por supuesto, les respondí con la consabida frase de las abuelas: "Mal de muchos, consuelo de tontos"... a la que le haría una variación: "Mal de muchos, excusa de estúpidos". Y me perdonarán el francés, pero si algo me indigna más que el atropello es su justificación. Mi mamá les preguntaría "¿Entonces, si todos se tiran de un puente, tú saltarás también?"... y con justa razón.
Esta mañana, en el consultorio de la dentista, veíamos en un noticiero la nota acerca de la movilización de parte de la "Extrema Roja" (así se autodenominaría la facción más "vehemente" de la hinchada panameña, según lo explicado por los locutores) que fue interrumpida por el cerco de la policía (como ya lo había comentado). En las imágenes se veía a un par de sujetos espetándole a un policía "¿tú no quieres a tu país?" y otras barrabasadas como esa, por no dejarlos pasar a "hacerle bulla" a la selección tica.
Me acordé cuando, el año pasado, fui al Estadio Nacional de Lima a alentar a mi alicaída -pero siempre querida- selección en un partido contra Colombia. Estaba más que emocionada porque era el primer partido que vería en el renovado "Coloso de José Díaz", y para colmo ¡a la blanquirroja enfrentando a la tricolor! (En Colombia, tierra que nos recibió con los brazos abiertos, tenemos entrañables amigos a los que queremos como a nuestra propia familia.) Pero la fiesta me la aguaron desde la puerta de entrada al Estadio, cuando al llegar un bus con hinchas colombianos, fue recibido con una lluvia de pifias por varios pseudo-hinchas (otros los recibíamos con aplausos, pero éramos los menos). Y no se diga ya cuando los equipos salieron a la cancha y se deshicieron en silbidos y pitidos al escuchar el "Oh, Gloria inmarcesible..."
No puedo negar que en ese momento me llené de vergüenza ajena. Contra la voluntad de mi esposo (que no quería que me creara problemas) me puse a llamarle la atención y a callar a todos esos maleducados que estaban cerca. Porque, señores, maleducados, matones, desadaptados, y más de un largo etcétera, hay en todas las barras. En oriente, en occidente, en norte y en sur. No se trata de plata, se trata de CULTURA, CIVISMO y, obviamente, EDUCACIÓN.
Y bueno, ¿cómo olvidar lo que leí esta semana, que, cuando iban a ver a nuestra Selección Sub20 en su hotel en Argentina, un grupo de hinchas peruanos (entre los que habían mujeres y niños) fue atacado a pedradas por "hinchas"chilenos?
Yo me pregunto: ¿Eso es amar a tu país? ¿Hacerle pasar vergüenza internacional? ¿Hacerlo quedar como patria de unos desadaptados que -al parecer- no pueden defenderse en la cancha, así que tienen que ir a perturbar el sueño ajeno, a la barra ajena, a los hinchas que sólo han ido a alentar a SU equipo? La respuesta, creo que evidente, es un rotundo NO.
La pasión que sentimos por nuestros equipos (más allá de la camiseta de nuestro país) nunca debe nublar nuestro criterio, nuestra humanidad. No estamos en guerra con nadie. Se trata de un deporte y los deportes deberían hermanar naciones, no herirnos unos a otros. Para hacerle barra a un equipo no tienes que "sabotear", ni insultar, ni atacar al otro. ¿Quieres sobresalir? ¿Quieres ser un hincha de verdad? Bueno pues, cuando llegue la hora de cantar tu Himno Nacional, cántalo a TODO PULMÓN (y apréndete la letra, primero). Vístete de los colores de tu país, decora tu auto, apréndete las barras y sal a disfrutar al estadio, al bar, al restaurante, a la casa de tus amigos, a donde te dé la gana, pero sin atropellar los derechos de los demás. No sólo vas a disfrutar tú, sino que vamos a disfrutar TODOS.
Creo que no es de "machos", ni de "hinchas", ni mucho menos de "patriotas", atacar a los de otro equipo para "defender "al suyo. Es de cobardes, de poco hombres y de personas a las que poco les importa la imagen de su Nación. O de su equipo. Ya bastante sangre ha corrido en nombre del "deporte". Es hora de que empecemos a limpiarlo, entre todos.
Ps: Yo plantearía pena de cárcel para este tipo de -repito- desadaptados (*). Pero, aclaro, no para mandarlos a un penal (en el Perú y en otros países de Latinoamérica los tenemos abarrotados), sino a la carceleta de una comisaría, por un par de noches. Si son tan "hinchas", creo que lo que más les va a doler es quedarse sin poder ver el partido, ¿no?
(*) Obviamente me refiero a los bullangueros trasnochadores, a los pintarrajeadores de paredes y calaña de ese tipo. Para los vándalos que ocasionan heridos y destrozos... ¡TODO EL PESO DE LA LEY!